Estimada Junta de Delegados:
Gracias. Siempre tan considerados con nosotros. Siempre tan atentos a facilitarnos la vida. Uno casi se emociona. Cuando no es una derrama estratosférica, es un procedimiento enrevesado. Una coreografía admirable, qué duda cabe.
Esta vez, sin embargo, os habéis superado.
Resulta que los asuntos realmente delicados —los que afectan al bolsillo de cientos de familias y al futuro de la urbanización— no se debatirán en la Junta Extraordinaria del 1 de febrero. ¿Por qué? Misterio. Milagros de la administración creativa.
Pero tranquilos, que vuestra solución merece tesis doctoral:
Fácil, facilísimo. Una especie de gincana burocrática para comprobar cuántos vecinos son capaces de imprimir, rellenar, firmar, escanear o enviar, sin equivocarse, la dichosa carta. Total, si alguien se pierde por el camino, pues no se debate y todos tan contentos.
Un plan perfecto. Para vosotros, claro.
Menos mal —y esto sí es un milagro bíblico— que existen los voluntarios de la iniciativa vecinal, esos “enfermos” o “metemierdas”, como nos habéis llegado a llamar, que en sus ratos libres hacen el trabajo que debería hacer una Junta que presume de representar a todos.
Ellos ya han preparado los puntos, os los han enviado, han publicado el documento de firma en la web este enlace, y hasta han ofrecido los buzones de sus propias casas para recoger las firmas de la gente que no tiene certificado digital.
Vamos, que, si dependiera de vosotros, la participación vecinal habría muerto de inanición. Pero aquí seguimos, empeñados en seguir vivos.
Y mientras tanto, la sombra de los puntos oscuros sigue creciendo. Los mismos que muchos vecinos han denunciado con paciencia franciscana y que cualquiera puede leer —si aún queda algún incrédulo— en: Cartas de los Lectores.
Informes incompletos, presupuestos sobrevalorados, falta de transparencia, decisiones tomadas entre pocos y pagadas entre muchos… pero nada, que debatir todo esto “no procede”.
Uno sospecha —con esa suspicacia que da la experiencia— que la esperanza de algunos es que la mayoría ni se entere del procedimiento y acuda a la Junta sin saber qué puede pedir, qué puede votar o qué puede impedir.
Y ya sabéis: quien calla, otorga; y quien sale al pasillo antes de votar… también otorga. Vosotros sois muy de esas sutilezas.
Por suerte, también sabéis que por cada traba que ponéis aparece un nuevo vecino dispuesto a saltársela. Y otro, y otro. Y así hasta que, con un poco de dignidad colectiva, consigamos debatir los temas que afectan a todos, y no solo a quienes manejan el acta y el bolígrafo.
Que cada uno siga su camino. El vuestro, ya lo conocemos: trámites imposibles, silencios incómodos y decisiones tomadas en despachos donde solo caben unos pocos. El nuestro, diametralmente distinto: vecinos ayudando a vecinos, sosteniendo a quienes no pueden afrontar una derrama abusiva y haciendo el trabajo que nunca debería haber recaído sobre la ciudadanía.
José M
Santa Maria de l'Avall, diciembre de 2025