Los vicios ocultos que nadie te cuenta: un agravio comparativo en toda regla
Llevo varios días leyendo la web de la iniciativa vecinal, repasando documentos, preguntando, escuchando versiones y tratando de entender este proyecto del colector que, sinceramente, podría cambiarnos la vida… para mal.
Para tener una idea económica real —sin discursos, sin promesas ni titulares— pensé que pedir un presupuesto a un contratista de la zona me ayudaría a poner números sobre la mesa. A ver si así entendía qué supone todo esto para una casa concreta. Y he decidido compartirlo con todos vosotros.
que pasó cuando vino el contratista
Entró en el patio, revisó cotas, miró la fosa, comprobó el desnivel de mi vivienda… Y me soltó una frase que todavía me resuena:
“Tu casa está más baja que el colector. Tendrás que bombear las aguas de por vida. Y como la tuya, hay decenas.”
Me quedé helada. No solo por la idea de vivir pendiente de una bomba eléctrica, sino por lo que eso implicará para tantos hogares que, como el mío, están por debajo de la rasante del colector proyectado.
Al principio pensé que quizá exageraba. Pero después de hablar con otros vecinos y caminar por las calles colindantes, entendí que tenía razón. Si el colector discurre por las carreteras, hay muchísimas casas afectadas.
El presupuesto de esta fiesta
Para poder conectarme al colector, estos son los trabajos que tendría que asumir solo dentro de mi parcela:
Coste total de la obra dentro de mi parcela: 23.200 €
Y a esto hay que sumar la cuota del colector. En mi caso, con una parcela de 1.200 m²:
34.200€ + 23.200€ = 56.400 €
¡¡Más de sesenta mil euros con los intereses del crédito!!
Sin contar el gasto eléctrico, ni el mantenimiento anual… de por vida.
¿Por qué hablo de agravio comparativo?
Porque mientras algunos vecinos solo pagarán la cuota del colector y sus obras internas, otros —como yo— tendremos que sumar:
- Obras extra para instalar bombas y sus accesorios.
- Mantenimiento de por vida.
- Riesgo permanente si la bomba falla.
- Dependencia total de la electricidad.
- Posibles consecuencias sanitarias.
Esto no es “una pequeña diferencia técnica”. Es una desigualdad evidente entre vecinos. Un agravio comparativo en toda regla.
Y luego están los riesgos de bombear para siempre
- Corte de luz → la casa se puede inundar con aguas fecales.
- Avería de la bomba → urgencias de fontanería (y carísimas).
- Mantenimiento constante → gasto fijo para siempre.
- Subidas de la luz → afectan directamente.
- Problemas sanitarios → olores, fugas, filtraciones.
¿De verdad nadie tuvo esto en cuenta? ¿Ningún ingeniero, ningún proyectista?
Lo peor: no sabemos cuántas casas están afectadas
Por la orografía de la urbanización, estoy convencida de que son muchísimas. Y lo peor es que la mayoría de los propietarios no lo sabe. Pero lo más grave desde mi punto de vista es que el proyecto no contiene ni un solo documento que identifique cuántas viviendas están afectadas. Ni una simple estimación o un informe de impacto.
Un silencio enorme, que puede salirle muy caro a los de siempre: los que viven más abajo, los que tienen casas antiguas, los que ya van justos, los que no pueden permitirse imprevistos de miles de euros.
Este proyecto, además de los sobrecostes “según dicen”, tiene muchos vicios ocultos y consecuencias muy distintas según dónde vivas. Y esas diferencias no se han explicado, ni valorado, ni siquiera mencionado.
Por todo esto, varios vecinos estamos hablando de crear una Plataforma de Afectados por el Colector
No para enfrentarnos a nadie, sino simplemente para:
- Que se reconozca el impacto económico real.
- Que se cuantifiquen los afectados.
- Y que se actúe legalmente si es necesario.
Para que nadie tenga que enfrentarse solo a una factura impagable.
Sino a un riesgo que nunca tuvo antes.
Cuando existen alternativas mucho más económicas y sin ninguno de estos problemas… pero que, por alguna razón —que prefiero no imaginar—, no se quieren ni valorar.
Nos merecemos un proyecto justo, sostenible y seguro. Y, sobre todo, nos merecemos votar con la verdad encima de la mesa.
Porque es evidente que esto debe volver a votarse, pero con garantías reales. No con la pantomima del 30 de marzo, que no puede llamarse votación y aun así sirvió para aprobar casi en secreto un proyecto multimillonario que parece —o pretende— beneficiar solo a unos pocos.
Gracias por leerme. Si mi experiencia sirve para aclarar un poco este tema, habrá merecido la pena compartirlo.