Vivo en Santa Maria de l’Avall desde hace más de quince años. Llevo gran parte de mi vida aquí, en estas calles tranquilas; he conocido a mis vecinos de toda la vida y he sentido este lugar como un hogar que no cambiaría por nada.
Por eso me cuesta tanto aceptar que, casi sin avisar, todo lo que construimos —no solo nuestras casas, también nuestra paz, nuestra rutina, nuestra convivencia— pueda quedar en riesgo por una obra que nadie nos explicó con claridad, ni en su alcance ni en sus consecuencias reales.
La memoria técnica del proyecto habla de un año de trabajos, pero en esas mismas páginas aparecen palabras que todas entendemos: interrupciones por clima, desvíos de tráfico, reposiciones de servicios dañados, accesos comprometidos, excavadoras, ruido, suciedad.
Palabras que, traducidas a nuestra vida diaria, significan años de molestias y un barrio convertido en una obra permanente.
No soy ingeniera, pero sí soy técnica y, sobre todo, vecina. Y como vecina sé leer entre líneas. Y lo que leo me preocupa. Mucho. Aquí os dejo mi humilde opinión:
1. Una obra sin financiación clara es el escenario del desastre
He buscado, he releído, he preguntado:
En las 581 páginas no aparece una sola garantía de financiación real.
No hay líneas de crédito.
No hay avales.
No hay fondos de contingencia.
No hay reservas para imprevistos.
Nada.
Si a mitad de obra falta dinero —por impagos, sobrecostes o problemas técnicos—, la obra se detiene.
Y cuando una obra así se detiene, no vuelve atrás:
- Las calles quedan levantadas,
- las zanjas quedan abiertas,
- la movilidad queda bloqueada,
- la vida queda suspendida.
Y esto no es una exageración: es el escenario más probable cuando un proyecto de esta magnitud se financia únicamente con el bolsillo de los vecinos.
Una obra así no se improvisa. Y menos cuando se financia con los ahorros de cientos de familias.
2. Una obra que puede durar mucho, muchísimo más de lo que prometen
Y aun así, nos dicen que será solo un año.
Pero en la página 12 de la memoria se menciona expresamente:
“Aturades d'obra per impediments climatològics.” (Pág. 12)
Aquí llueve. Aquí ventea. Aquí las pendientes convierten cualquier tormenta en un torrente.
Si la obra se detiene cada vez que el clima lo dificulta, ¿cómo puede alguien prometer que acabará en un año?
La memoria reconoce las interrupciones, pero el discurso oficial insiste en un plazo imposible.
3. Servicios mal identificados: luz, agua, gas, fibra… todo en riesgo
Esto me asustó especialmente cuando lo descubrí:
en decenas de planos aparece la misma advertencia:
“Los datos reflejados en este plano son de carácter orientativo.” (Pág. 255)
¿“Orientativo”?
Eso significa que no saben con exactitud dónde están los cables y tuberías que nos dan luz, agua, gas, internet y teléfono.
Ahora pensemos en lo que implica abrir más de 400 zanjas en todas nuestras calles, una por parcela.
Es pura estadística: cuantas más zanjas, más roturas.
- Luz cortada.
- Agua cortada.
- Gas cortado.
- Fibra cortada.
No por una gran catástrofe, sino por simple probabilidad.
Y la memoria lo reconoce otra vez:
“Reposicions de serveis existents.” (Pág. 12)
Si ya dan por hecho que habrá que reponerlos… es que se romperán.
4. Accesos cortados, calles levantadas, suciedad y obras continuas
En el mismo documento se prevén:
“Desviaments provisionals de trànsit”
“Accessibilitat a les parcel·les” (Pág. 12)
Es decir:
la entrada a nuestras casas estará limitada, condicionada o directamente bloqueada durante parte de la obra.
Pienso en las personas mayores, en quienes dependen de ayuda domiciliaria, en quienes cuidan niños pequeños, en quienes necesitan el coche para ir a trabajar.
Y pienso en cómo cambia tu vida cuando ni siquiera puedes salir o entrar con normalidad.
5. Excavaciones profundas y roca dura: esto no es una obra menor
El presupuesto detalla que las zanjas pueden alcanzar 3,5 metros de profundidad y que se excava sobre:
“Terreny tot tipus inclús roca dura.” (Pág. 1)
No hace falta ser experta para saber lo que significa excavar roca: ruido, vibración, lentitud, polvo que entra por las ventanas aunque estén cerradas, martillazos durante horas.
¿De verdad estamos preparadas para convivir con eso durante meses… o incluso años, justo delante de nuestras casas?
Conclusión: Nuestra urbanización merece algo mejor que un salto al vacío
No escribo esto para generar miedo.
Lo escribo porque creo que merecemos verdad, claridad y decisiones responsables.
He visto la documentación. He leído cada página. Y lo que veo es un proyecto desproporcionado, arriesgado y profundamente desconectado de la vida real de quienes vivimos aquí.
No podemos permitir que nuestra urbanización se convierta en un campo de obras indefinido.
No podemos aceptar que nuestra vida diaria quede en manos de un proyecto que incluso en su memoria técnica reconoce riesgos, dudas y fragilidades.
Aún estamos a tiempo. Pero solo si hablamos claro y actuamos juntas.
Vet. Santa Maria de l'Avall, noviembre de 2025